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Juana Marcela Guerrero

Crónicas, microrrelatos y otras historias

Yo Maratonista

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Photo by: Alejandra Meneses

Pero es precisamente  el débil quien tiene que ser fuerte y saber marcharse cuando el fuerte es demasiado débil para ser capaz de hacerle daño al débil” Milan Kundera. La insoportable levedad del ser.

Me convertí en atleta desde muy joven y en los últimos meses he disputado con el salto largo en importantes escenarios de la vida. Me gradué como maratonista en mi primer matrimonio. Voy a cumplir 30 años, me he casado dos veces y llevo el mismo número de divorcios a cuestas.

Me casé a punto de cumplir 25 años, me sentía enamorada y después de varios meses de pensarlo di el sí convencida. Sin embargo, a pesar de que mi compañero fue el proponente, con el paso de los meses empezó a ser evidente que su decisión no había sido un auténtico deseo. Traté de ignorar las evidencias, pero llegó el momento en el que evidentemente no éramos tan felices como pretendíamos.

Me enteré de una manera dolorosa que yo no era la compañía que él realmente deseaba y que no podría aspirar a un estatus diferente al de mejor amiga para ese amor con el que había proyectado mi vida. Dolió, pero sin mucho que pensar corrí, corrí mucho y sin importar que tan sólo lleváramos un año y tres meses de casados, troté mi primera maratón.

Huí de allí, de esa vida que a largo plazo nos iba a llenar de frustraciones, la evadí por compasión conmigo y por amor a él, quien no había tenido la fuerza de correr antes del matrimonio y parecía resignado a una vida sin emoción. La verdad es que mi compañero también se animó a huir y en esa ocasión decidimos correr al tiempo pero por diferentes caminos.

Mi segunda gran maratón la corrí hace apenas unos meses, fue la que me convirtió en una atleta de grandes ligas y con la que fui consciente de mis cualidades como corredora de resistencia. Todo empezó hace un par de años atrás, cuando vivía con un nuevo amor que encontré después de mi primera huída. Con él la convivencia era difícil, tan conflictiva que mi única manera de encontrar sosiego era salir a trotar al parque más cercano.

Yo, que irónicamente había sido más sedentaria que deportista y por poco pierdo el test de Cooper en el colegio, me convertí literalmente en atleta. Corría y corría, sin respiro para calmar el alma y los pensamientos. Era muy ingenua y no sabía que con eso, la vida me preparaba una cruel metáfora, anticipando lo que estaría por venir.

Le tomé un gran amor al deporte, ya no corría 20 minutos sino 30, después de un par de meses un poco más. De repente, cuando dejé de medir el tiempo y la distancia, alcanzaba 6 kilómetros en 45 minutos de trote diario. Me enamoré de correr. Fue como si lentamente reemplazara el desamor de mi pareja por esta nueva pasión. Hacer ejercicio era el resguardo más seguro cuando aterrizaba la tristeza.

Después de 6 meses y medio de mi segundo matrimonio decidí volver a correr, pero esta vez no corrí por amor, corrí de pavor y con miedo se corre más distancia, con mayor velocidad y sin mirar atrás. De esta segunda maratón fui triunfadora y hoy recibo mi premio escribiendo esto. Mi recompensa es lograr contar esta historia sin ninguna vergüenza, al contrario, con la dignidad y satisfacción de decidir correr a tiempo otra carrera, a pesar de que no era la primera huída, a pesar del pánico.

Sentía vergüenza de aceptar que he corrido dos maratones, me creía deshonrada y fracasada, me preocupaba la idea que otros tendrían de mi. Me verían como una mujer inestable y repetitivamente equivocada.

Probablemente algunos lo creyeron o lo creen, pero ese el precio que tiene que pagar un maratonista. Ser juzgado, especialmente por los que no tienen ninguna idea de correr y antes que eso, se conforman con amores no correspondidos, trabajos infelices, parejas miserables y amigos hipócritas.

Por mi parte, decidí que cuantas veces deba ponerme mis tenis de atleta y echarme a correr, lo voy a hacer. Resolví ser más selectiva con mis amigos, mi trabajo, mi pareja. Con todo lo que tenga la oportunidad de elegir para aportar algún tipo de bienestar y en lo que encuentre tranquilidad.

Definitivamente no tengo vocación de mártir, reconocerlo me hizo huir de un esposo violento y de su familia, sacada como de una comisión de villanos de una ridícula novela mejicana. Escapé de mi compañero soberbio y sin carácter que descargaba con maltrato la frustración de su imposibilidad para superar un complejo de Edipo. Huí de una familia política clasista e ignorante, porque toda discriminación tiene su raíz en la ignorancia.

Ese absurdo clasismo de la clase media baja colombiana contra la clase media alta, cargado de resentimiento y antipatía por la suerte de los que no han crecido en el mismo barrio y asistido a su misma escuela. Huí con éxito de esa familia lega y escasa de espíritu, que piensan como en la edad media y actúan como malandrines que se reúnen en manada para maltratar.

Alguna vez mi mamá me aconsejó no hablar con mis futuras parejas sobre las maratones, omitir esta desafortunada información, pero siento llevarle la contraria. Tercamente insisto en que mis amigos conozcan que soy una atleta leal, que estaría feliz de conservarlos en mi vida y aportar lo mejor de mí para las suyas. Sin embargo, cuando sienta que alguna de las partes es irremediablemente infeliz tendré que volver a mis andanzas, así como ellos tienen el derecho y el deber de correr, cuantas veces tengan que hacerlo.

A la primera señal de que las cosas están mal y son irreparables: ¡corran! No se empecinen en estar ahí, huyan por amor a ustedes y a mi, pero sepan que soy una maratonista digna de mis carreras, quien cada vez se convence más de que, quienes deben sentirse desgraciados son aquellos que se conforman con poco, viven con frustraciones y por miedo no toman decisiones ni riesgos. Esos que no se atreven ni a gatear. Por eso, mi elogio y respeto para todos los atrevidos maratonistas.

Juana Mar

La Eterna Huida

La estructura hecha de tablas de madera que unas horas antes era el baño de la casa de la familia de Maryoris Romaña, de 14 años, ahora es la balsa en la que se transportan río abajo, ella, sus padres y tres de sus siete hermanos, uno de ellos de brazos. Sin pronunciar una palabra, en medio de la oscuridad de la selva, aterrorizados, cada uno se concentra en el sonido de las ondas que se forman al impulsar el improvisado bote.

Se embarcaron por las aguas del río Atrato, huyendo de unos hombres sin rostro, forrados con hileras de balas que agobian el departamento del Chocó desde que Maryoris tiene memoria. Ahora esperan que el río majestuoso, de aguas lentas, los lleve a Riosucio, un municipio a las orillas del Atrato.

No saben de qué bando eran quienes los visitaron esa noche calurosa de febrero de 1997, gritando e insultando, haciendo zumbar sus metralletas y encendiendo motosierras. Pero bastó una sola de sus visitas, atípicamente sin muertos, para que al día siguiente, las 36 familias que vivían en Pedeguita, un pequeño caserío ubicado a las orillas del Atrato en el nororiente colombiano, cogieran sus trastes y se echaran a andar río abajo en busca de un lugar más seguro.

Uno de los baños públicos ubicado a las orillas de río.  Representa la estructura similar en el que huyeron Maryoris y su familia.
Uno de los baños públicos ubicado a las orillas del río. En una estructura similar huyeron Maryoris y su familia.

La mayoría fueron hacia Riosucio, Turbo y Panamá. Todos escaparon por la única vía posible: el río. Se fueron recorriendo ese montón de agua oscura, como haciendo un ritual, agradeciendo al río sin país, al río madre de tantos chocoanos, apátrida como ellos. Cada remada evocaba un pensamiento para el río que no sólo los ayuda a huir de sus verdugos, sino también les provee de alimento y agua, en un departamento donde sólo el 20% de sus habitantes puede disfrutar del lujo del acueducto y el alcantarillado.

El Darién Chocoano, cerca al Golfo de Urabá, donde Maryoris patalea el agua con sus pies de ébano, ha sido históricamente un corredor fluvial estratégico. Es una de las rutas de comercio que conecta el interior con el caribe colombiano y une el centro con el sur de América. Un camino apetitoso para los intereses, en un comienzo de los contrabandistas y posteriormente de los narcotraficantes, no sólo por su ubicación geográfica sino por ser uno de los lugares más olvidados de Colombia. El escenario perfecto para que los grupos armados ilegales fueran tomando posesión de esta tierra de nadie.

Primero fueron las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC, en los años ochenta. Hasta que los paramilitares, grupos armados de extrema derecha, empezaron a ganar terreno en la zona e hicieron su sangrienta entrada al Chocó en 1997, disparando, como nunca, las cifras de masacres y desplazamientos forzosos en la región. Pero no llegaron solos, trajeron con ellos toda la peste posible para la región de paisajes pantanosos que vivía de la pesca, el corte de madera y el cultivo de plátano.

No se equivocaban los viejos sabios de Riosucio cuando decían que esos hombres no sólo mataban gente sino también la tierra. Con los violentos llegó la ganadería extensiva y los monocultivos de coca y palma de aceite africana. Actividades que eran más fáciles de realizar en un momento de crisis humanitaria como la que empezó a vivir el Chocó a finales de la década de los noventa. Los más generosos, como los empresarios, compraron las tierras de los chocoanos a precios ridículos, casi simbólicos y otros como los narcotraficantes y paramilitares, se apropiaron de ellas por medio del despojo.

Maryoris estaba lejos de imaginar que su existencia y la de su familia estorbaban para los intereses de unos forasteros que no sólo atacaron a los habitantes de su comunidad sino a los pobladores de otras cuencas del río Atrato como: Cacarica, Salaquí, La Honda, Carmen del Darién y Truandó. Según datos de la Acción Social de la Presidencia de la República, entre los años 1998 y 2002, en el Chocó se desplazaron masivamente 41.586 personas, posicionándose como el segundo departamento con más desplazamientos en Colombia para aquella entonces.

***

Después de cuatro horas de travesía, Maryoris y su familia llegaron a Riosucio. Era la una y media de la madrugada de esa noche eterna. Se hospedaron en una de las escuelas del municipio y para su sorpresa la encontraron abarrotada de paisanos desplazados de otras cuencas del Atrato. No fue fácil encontrar un lugar para su familia, pero con el tiempo se acostumbraron a vivir en la escuela, en un pueblo hacinado y con los graneros vacíos, porque no había comida suficiente para tantos comensales.

Ahora todo luce como cuando Maryoris llegó a este lugar por primera vez impulsada por el miedo hace 17 años. Hoy es una mujer de 31 años y, aunque no recibe su salario desde hace nueve meses, tiene la fortuna de trabajar como asistente del secretario de gobierno de Riosucio, en una de la pocas fuentes de empleo del lugar, la Alcaldía Municipal. Dice que no se va del pueblo por amor a esa tierra que se ha ido llenando de refugiados y necesidades.

La infraestructura de Riosucio ha permanecido casi intacta. Sus calles angostas y polvorientas, los cubículos en madera instalados en la orilla del río que sirven de baños comunitarios, las casas pintadas de mil colores, elevadas en patas de madera a más de tres metros de altura para evitar que el Atrato se meta en el invierno; los puentes sin fin, tan estrechos como la anchura de un pie que conectan los barrios pantanosos. El tiempo deja estragos en las caras de sus habitantes pero el pueblo sigue tristemente intacto.

Riosucio no es un municipio joven, es uno de los asentamientos más antiguos de las cuencas del Atrato, pero a pesar de ello, el desarrollo aún no llega. Hasta hace apenas nueve años sus habitantes disfrutan de energía eléctrica permanente, el único servicio público del pueblo. Todavía hace falta el gas natural, las redes de telefonía fija y sobre todo el acueducto y alcantarillado.

Riosuceños reunidos a las orillas del Atrato para bañarse, lavar la ropa y la loza.
Riosuceños reunidos a las orillas del Atrato para bañarse, lavar su ropa y loza.

La ausencia de agua potable es la evidencia más auténtica de la pobreza y el atraso en el que viven los chocoanos. En un territorio donde tener un sanitario, un pozo séptico y una ducha, son un lujo de pocos. Afortunadamente, tienen el río madre y en sus orillas, desde muy temprano, los riosuceños se reúnen a bañarse y a lavar su ropa y sus trastes. Mientras otros, a sólo un par de metros, evacuan en el río que también es el sanitario de los chocoanos.

Riosucio es sólo un ejemplo que demuestra cómo los municipios del Chocó tienen más de un siglo de atraso respecto a la civilización moderna, sus formas de supervivencia se acercan más a la de una vida primitiva tristemente detenida en la contemporaneidad.

No son días fáciles para los riosuceños. Me pregunto ¿qué día ha sido fácil para los chocoanos cuyos tatara-tatara abuelos viajaron embutidos en barcos desde África y una vez lograron ser libres en un lugar majestuoso, diverso y abundante, son humillados, despojados y masacrados? Ninguno, probablemente es la respuesta a mi pregunta. Los chocoanos que han contado con suerte, han tenido que soportar un mal, no por eso el menos doloroso: el abandono del resto de Colombia.

***

A las orillas del Atrato las mujeres se reúnen, en otras actividades, a brillar  las ollas con la arena del río.
A las orillas del Atrato las mujeres se reúnen, entre otras actividades, a brillar las ollas con la arena del río.

Son casi las 10 de la mañana del 2 de mayo de 2014, a las orillas del Atrato las mujeres se reúnen a lavar ropa y brillar ollas con la arena del río, haciendo casi una competencia para ver cuál deja sus cacerolas con brillantez absoluta. Al lado de ellas está Dora*, sosteniendo con su mano derecha un pedazo de madera achatado en una de sus puntas. Lo estrella con fuerza contra un pantalón, para asegurarse de exorcizar toda la suciedad de un golpe seco, mientras me cuenta que hoy hace exactamente 12 años se veían pasar por este mismo río decenas de lanchas rumbo a Bojayá, un municipio cercano a Riosucio.

Habla en voz baja para que sólo yo la escuche, tengo que estar atenta al movimiento de sus labios para no perderme detalle de su relato. Sin duda, Dora es la mujer más valiente o la menos sensata que me haya podido encontrar hasta el momento en Riosucio. Se atrevió a narrar lo que los demás evitaron. Me contó, en un lugar todavía dominado por los violentos, que en este pueblo fueron testigos de la masacre de Bojayá, una de las más aterradoras de los últimos años en Colombia.

En la región era un secreto a voces que para el año 2002 el municipio de Bojayá, a 157 Km. navegables desde Riosucio, era una tierra dominada por las Farc. Sin embargo, cinco años atrás con ayuda de los militares, los paramilitares habían ido ganando terreno en la zona y en esa ocasión iban por la “recuperación” de Bojayá que estaba en manos de la guerrilla comunista.

Unos días antes de la masacre, pangas llenas de paramilitares de las Autodefensas Unidades de Colombia – AUC empezaron a viajar por el Atrato. Los violentos se embarcaron en el puerto de Turbo y pasaron tranquilamente los puestos de control militar y de policía cercanos a Riosucio.

“Esos señores pasaban por aquí como Pedro por su casa”: Me cuenta Dora señalando el río.

Los paramilitares llegaron a la zona hasta en helicópteros, mientras los guerrilleros se preparaban con miles de hombres para defender el territorio que consideraban suyo. Los combates empezaron el 1 mayo, la guerrilla y las AUC luchaban mientras utilizaban a Bojayá como trinchera. Por miedo, la población civil se negó a quedarse en sus casas y decidieron refugiarse, unos en el puesto de salud y otros en la iglesia del pueblo, pues pensaron que nadie podría atacar a los enfermos o a la casa del Señor.

Se equivocaban en suponer que los violentos no lo harían. Como se equivocaron los guerrilleros que pensaron que en la Capilla San Pablo Apóstol se resguardaban paramilitares y utilizaron su macabra creatividad para lanzar un cilindro de gas cargado de dinamita que entró por el techo y fue a parar directo al altar de la iglesia en donde se refugiaban 300 civiles. Bastó un instante para que la capilla explotara en mil pedazos, matando a 117 chocoanos, amputando las extremidades de quién sabe cuántos más, en la mañana de ese inolvidable 2 de mayo.

Los sobrevivientes que lograron salir, corrieron hacia la orilla del río y pidieron a los guerrilleros que no los remataran, haciéndolos caer en cuenta de que, el que creían había sido un certero golpe contra sus enemigos, en realidad había sido el más cruel de sus errores. Habían masacrado el 10% de los habitantes de Bojayá y desplazado a 6.000.

El pueblo quedó sin habitantes, sólo quedaron muertos y guerrilleros después de que todo se silenció el 3 de mayo de 2012. Nuevamente los chocoanos huyen en pangas repletas de mujeres y niños que atraviesan atónitos los pantanos y la manigua del Atrato, viajando al olvido, como lo hacían cinco años atrás Maryoris y su familia.

***

Niña regresando de lavar en el río.
Niña regresando de lavar en el río.

Pareciera que huir fuera la eterna suerte de la que no pueden escapar los descendientes de Benkos, un guerrero africano vendido como esclavo y traído a tierras colombianas. Benkos pasó su vida fugándose de sus amos que no se cansaban de volverlo a capturar, hasta que un día, con ayuda de otras esclavas, logró escapar con su familia y trece africanos más. Huyó para organizar un ejército de indios y negros cimarrones, liberar a otros esclavos y liderar la formación de los primeros palenques de Colombia, uno de ellos el hoy llamado San Basilio de Palenque, el primer pueblo libre de América.

Sin embargo, los pies no le alcanzaron a Benkos para escapar de su desafortunado final y en su última captura fue ahorcado y descuartizado por los gobernantes españoles de la época. Pero su legado continúa para los herederos de esas piernas fuertes y alma de hierro, traídas del África, que no se cansan de correr por la libertad.

Esa libertad que fueron tejiendo las manos de las esclavas de la época de la colonia, que con las formas de sus trenzas en sus peinados, representaban el camino de la fuga a los desertores. Gracias a su posibilidad de caminar por las propiedades de sus amos, las mujeres fueron las encargadas de observar los terrenos para las huidas y, con una fascinante imaginación, marcaban en sus cabellos las señales importantes de la travesía. En sus cabezas eran tejidos árboles, sembrados, terrenos pantanosos y las tropas que se podían encontrar aquellos que emprendían el camino hacia la libertad.

Aun se ve en las calles de Riosucio los legados de esos tejidos libertarios, que hoy exhiben las chocoanas con total orgullo. Ya no esconden en sus trenzas pepitas de oro que alcanzaban a escarbar cuando trabajaban como mineras durante la colonia, porque ya casi no hay oro, se lo llevaron a otras tierras. En su lugar, adornan sus decenas de trenzas con cuentas de colores, que sueltan un sonido alegre con el meneo de las cabelleras.

Hoy ya no hay caminos para señalar la huida, ahora la fuga es más compleja porque no hay un único verdugo y no todos los enemigos tienen rostro. Si pueden escapar de los grupos armados, con su plaga de monocultivos infinitos, narcotráfico y ganadería, con seguridad no ocurrirá lo mismo cuando intenten huir de la pobreza, el abandono y la corrupción que manda en sus pueblos. Hay males de los que es difícil escabullirse.

Pero la fortaleza de los chocoanos es ancestral y les ha enseñado a vivir en la penuria, a reír después de noches en vela de llanto y a bailar debajo de la lluvia que desborda el río que los invade con furia. En Riosucio, a pesar de su más de 6.000 habitantes, no hay hospital para curar enfermos, ellos se sanan en las aguas del mismo Atrato y con las plantas que crecen en la ciénaga. Cuando están enfermos de huesos se curan con las manos de Paula Josefa Moreno, una mujer de 80 años que suelda las más delicadas fracturas con hierbas mágicas que solo ella sabe conjurar y que, según cuenta, un hombre en forma de aparición se las recitó al oído una mañana cuando era una niña.

En este pueblo sin árboles tampoco hay bomberos, son remplazados por miles de manos para cargar baldes de agua desde el río hasta el lugar del incendio. Como el que carbonizó el barrio 1 de mayo, ese mismo día del año 2001. Donde más de 30 casas se prendieron formando una gran fogata que, de no ser por la solidaridad de los riosuceños, hubiera consumido todo el pueblo de casitas de madera.

Caminando por la calles de Riosucio.
Caminando por la calles de Riosucio.

Como hijos huérfanos, los habitantes del Chocó han aprendido a encarar la vida en donde se respira una profunda sensación de vulnerabilidad en lugar de esperanza. Vulnerabilidad que es más evidente para los ojos de los visitantes, quienes mientras nos alejamos del pueblo navegando en una pequeña lancha, no paramos de pensar en la resistencia y fragilidad de los chocoanos en el país que los condena a una constante e interminable fuga por la vida y la libertad. Mientras tanto, ellos se alistan para la próxima huida.

Por Juana Mar

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* Nombre cambiado.

Microrrelato para Alicia

Alicia esta próxima a cumplir su octavo mes de locura. No pestañea, su mirada es fija y sin profundidad. Me pregunto ¿en qué pensará? Mejor, ¿pensará? O simplemente su mente se convirtió en un profundo y oscuro lugar del que nunca más volvió a salir.

-¿Para qué salir?

– Para vivir.

Pero cuando la vida se ha vuelto tan insoportable, es mejor entregarse a la locura de los recuerdos sin pasado y el futuro sin porvenir.

Antes de caer en el delirio, Alicia se dedicó a recordar su juventud. Reversó más de 55 años. Antes de que sucediera su matrimonio. Cuando aun era una jovencita que vestía las faldas de encaje que su madre le hacía, cuando sus cabellos ondulados rozaban sus hombros, cuando permitía que los desordenara el viento.

El primer recuerdo que evocó fue el de Samuel, un joven alto de mirada fuerte y dulce, que llevó en su pensamiento hasta su vejez. Pensar en él la hacia sentir aliviada. Ese amor que nunca fue su amante, que sin duda la hubiera llevado a la más hermosa y luminosa de las demencias.

Lo que me enseñó el mundial

Desconozco el reglamento del fútbol, no sé cuándo un jugador está en fuera de lugar, ni sé de formaciones y alineamientos. Tengo el conocimiento básico de este deporte que un ciudadano, o mejor, una ciudadana promedio adquiere en las charlas de amigos y en los medios de comunicación.
El interés en la Selección Colombia lo había perdido hacía más de una década. No era para menos, mi memoria no tenía porque tener registro de las glorias de mi selección, pues solo tenía cuatro años de vida cuando Colombia participó en el mundial de Italia 90, aunque crecí escuchando sobre las hazañas del Pibe, las piruetas de Higuita y las jugadas de Asprilla.
Sin planearlo terminé viviendo en el país en el que el fútbol es religión, donde hasta las abuelas festejan a grito herido los goles y sueltan agravios para los jugadores que no aciertan las jugadas. Aun recuerdo cuando vi por primera vez una mujer de más de 70 años, emocionarse como lo haría una adolescente, por ver al Flamengo coronarse campeón de la Copa de Brasil.
Sin duda, en Colombia muchas abuelas deben disfrutar del fútbol, pero lo atípico en este país es que alguna de ellas sea indiferente a los resultados de, por lo menos, la selección brasileña. Es llamativo porque acá todo va servido en el mismo plato. El fútbol, que es como una religión, va de la mano con la política y la afecta directamente, tanto o más, como determina la alegría del pueblo brasileño.
El mismo que se deslumbra por espejismos en forma de estadios, construidos con promesas de modernización, en un país en donde las brechas sociales aumentan tanto como su inflación. El mismo espejismo que los llevó a gastar cerca de treinta billones de reales en los preparativos para la Copa del Mundo, a pesar de que el ministro de deporte del gobierno de Luiz Inácio Lula Da Silva haya prometido que los estadios serían construidos con capital privado y que esto solo se cumpliera para tres de los doce estadios que fueron construidos y remodelados para el mundial.
Pero si algo nos caracteriza a nosotros, los latinoamericanos de sangre tropical y olor a tierra húmeda, es que somos pasionales y aunque con el rancho a punto de caerse, el anfitrión decidió hacer la fiesta en un hotel de lujo y todos aceptamos la invitación. Me incluyo en el festejo, lo primero que me llamó la atención de la fiesta mundialista no fueron los equipos, eran las manifestaciones que los diferentes sectores sociales del Brasil organizaron en contra de la Copa.
Desde el 2013 este país empezó a ser un hervidero de protestas sociales con olor a primavera brasileña. Yo quería ser testigo en primera fila de las manifestaciones de disgusto de los brasileños, que en el fondo era la protesta de la Latinoamérica hastiada de desigualdad y corrupción.
Me crucé con varias protestas en las principales avenidas de Sao Paulo y Río de Janeiro. La agitación social que iba en aumento prometía dejar una gran huella para esta ocasión y yo esperaba ansiosa ver el pueblo brasileño levantarse por los problemas que los aquejan desde hace décadas con la escusa de un mundial, de una FIFA, de una Dilma.
Sin embargo, el día de la inauguración del mundial entendí que ese momento difícilmente llegaría. Comprendí que aunque durante los meses anteriores la mayoría de brasileños hubiera reprochado las decisiones de sus mandatarios, el mundial era un acontecimiento demasiado tentador para resistirse a disfrutarlo, y esperar lo contrario era pedir demasiado a un pueblo que respira fútbol y se siente grande y poderoso cuando habla de él.

***

Las protestas sociales se fueron apagando lentamente en el Brasil por la represión de la fuerza pública desplegada especialmente en las ciudades que fueron sedes del mundial. Pocos días después del inicio de la copa, era poco lo que se escuchaba sobre las manifestaciones. Evidentemente el movimiento de Não Vai Ter Copa (No tendrá copa) se iba silenciando mientras los gritos de los hinchas tomaban fuerza.

La fiesta continuó, y como no, si sabíamos que participar en ella representaba un mes garantizado de entrega total al goce del fútbol, gritos de euforia, cerveza, amigos y un olvido temporal de las penas. Así que sin poner mucha resistencia: ahí estaba yo, en el primer juego de la selección Colombia en el mundial y en mi primera vez asistiendo a un partido del equipo de mi país.

Me vi gritando los goles al unísono y saltando con casi cincuenta mil colombianos más que gritaban con orgullo el nombre de su país. Es la primera vez en mi vida que he visto a tantos colombianos juntos fuera de Colombia y, para sumar, todos haciendo alarde de su país.

Fue realmente emocionante, para los colombianos que llevábamos el lastre de selecciones mediocres que nos acostumbraron a perder y de la ignorancia de muchos que sin conocer nuestro país, se atreven a definirnos por los problemas que allí tenemos. Fue emotivo porque un equipo de fútbol logró lo que ningún otro motivo en la historia reciente de Colombia ha podido hacer: unificar un país, así fuera por pocas horas.

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El estadio Mineirão en Belo Horizonte, Minas Gerais, invadido por los colombianos.

Nuestra selección permitió que las generaciones más jóvenes experimentaran por primera vez la sensación de victoria y orgullo. Pero así como unió, el dios fútbol también generó discordia. La más evidente de ellas se dio cuando Brasil recibió la goleada histórica de parte de Alemania en la semifinal. Un resultado que nadie esperaba, mucho menos los brasileños, pues si quiere conocer algo más arrogante que un argentino tiene que ver a un brasileño hablando de su selección.

Para ellos no existía la opción de perder, era impensable, literalmente inimaginable, que el gigante pudiera perder en su casa. Pero once minutos fueron suficientes para que los brasileños pasaran de la supremacía a la vergüenza.

***

Sin terminar el primer tiempo del partido, los bares de Río de Janeiro repletos de hinchas, locales y extranjeros, de la selección de Brasil, los vieron salir uno a uno. Mientras los extranjeros lentamente se desamarraban las banderas verde-amarillas que hacía poco minutos lucían como un niño cuando alardea de su juguete nuevo.

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Así lucian los butecos de Río de Janeiro en el primer tiempo del partido Brasil – Alemania.

Los brasileños que decidieron quedarse hasta el final del partido pasaron de la rabia a la vergüenza, de la vergüenza a la tristeza y de la tristeza a la alegría. No había una escena que hiciera una radiografía más acertada del pueblo brasileño. Un pueblo tan alegre que tiene la capacidad de festejar hasta los malos momentos, o dígame: ¿qué otro país celebraría los goles de su contrincante?
Era un mezcla de todo: ironía, rabia y una excusa para no dejar de festejar. Lo cierto es que en las calles de Río de Janeiro vi más brasileños celebrar con ironía que llorar desconsolados. Como también vi de nuevo a los brasileños molestos con sus gobernantes, lanzando insultos no solo al director técnico de la selección sino a su presidenta. Recuerdo el comentario que una mujer hizo cuando Alemania anotó el séptimo gol a Brasil:

Yo hubiera soportado uno, dos, tres, hasta cuatro goles ¿pero siete? ¡A la mierda Dilma por esta vergüenza que nos ha hecho pasar! Ahora pienso que ese dinero invertido en todo esto, hubiera sido mejor para la educación y la salud. ¡No para esta vergüenza!

Pero ya no había marcha atrás, Brasil invirtió todo por el nada y su presidenta, queriendo aprovecharse de la ignorancia política de su pueblo, resultó siendo víctima de su propio invento. Pensó que una copa la iba a ser reelecta y ésta se convirtió en su peor enemiga.

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Brasil pierde el partido semifinal contra Alemania 1 – 7.

***

El mundial me hizo comprender un poco más la cultura del país en el que vivo, la del que nací y la de otros que ni esperaba entender. Aprendí que así como hay buenos y malos equipos, también hay buenos y malos hinchas, que contrario a lo que pensaba, los anfitriones resultaron ser pésimos hinchas, pues solo alentaban a su equipo cuando estaba en la victoria, mientras la hinchada argentina se ganó todo mi respeto por animar a su selección hasta el último minuto del partido final.
Aprendí que el dios fútbol tiene el poder de unir a mi país y que divide sin compasión a dos gigantes de Latinoamérica. La rivalidad entre Brasil y Argentina parece no tener fin y solo tiene un motivo: la arrogancia futbolera. Tanto así que llevó a los brasileños a vertirse patéticamente de alemanes y apoyar al equipo que los había goleado con tal de no hacerlo por su vecino latinoamericano.
En conclusión, el mundial me enseñó que no solo mi país sufre de Alzheimer, que la colombiana no es la única sociedad incomprensible y que el mayor problema de Latinoamérica es la incoherencia de nosotros sus habitantes, quienes queremos y exigimos cambios sociales conservando los mismos comportamientos egoístas e impulsivos y que mientras eso no cambie ninguno de nuestros países merecerá ganarse una copa.

Juana Mar

BOGOTÁ CUENTA LAS ARTES. Vol. III

Publicación producto de los escritos ganadores del Concurso Distrital de Periodismo Cultural y Crítica para las Artes 2013 organizado por IDARTES y la Universidad de los Andes.

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Historia de artes, indígenas, libros, grafitis, literatos, pelos y humanos de Bogotá.

¡Que las disfruten! 

Para ver la publicación click aquí: BOGOTA CUENTA LAS ARTESII

La historia de un pueblo sin hombres

El cómo vine a parar en esta ciudad lo contaré después, lo importante ahora es hablar de Juiz de Fora, una ciudad con un poco más de 500 mil habitantes, cercana a Río de Janeiro, ubicada al sureste del estado de Minas Gerais en el Brasil, una región conocida por la buena comida y las mujeres bonitas. No se equivocan, las dos características son justamente ganadas. Tal vez eso es lo que más me impacta de este lugar, pues a pesar de esto es una ciudad en la que no hay muchos hombres.

Toda mi vida he escuchado que para conquistar a un hombre se deben atacar tan solo dos de sus sentidos: la vista y el gusto, que el hombre es visual en un primer momento y que se conquista con buena comida. ¡Mentira! Me niego a validar esa teoría porque de ser así estaríamos invadidas de machos trogloditas y, aunque con esfuerzo y excepciones, conservo algunas esperanzas en el juicio masculino.

Juiz de Fora es un buen ejemplo para refutar esa teoría, pues a pesar de la comida y las mujeres es un lugar donde escasean los hombres y son pocas las oportunidades para las mujeres heterosexuales de encontrar pareja.

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A mi tercer día de estar en esta ciudad, en medio de una conversación de amigas fui advertida de la escasa cantidad de hombres y del alto número de homosexuales en el lugar. No tuve inconveniente con el tema, todo lo contario, pensé en la distancia que han tomado algunos países del atraso de la sociedad colombiana en cuando al respeto de los derechos de la comunidad gay.

De hecho, una de las primeras cosas que leí acerca de Juiz de Fora antes de llegar, fue sobre su festival gay que se lleva a cabo anualmente y que ha logrado posicionarla como una de las ciudades más amables con la comunidad LGBT en el mundo.

El popular festival es Miss Brasil Gay, este reinado nacional se celebra en el mes de agosto desde hace 36 años en Juiz de Fora y es el evento más grande e importante de comunidad LGBT en el Brasil. Sin duda es el acontecimiento de mayor importancia en el año para la ciudad, según la página de la Alcaldía Municipal de Juiz de Fora, se estima que en el 2013 llegaron a la ciudad más de 15.000 turistas y se recibieron cerca de 8 millones de reales para la economía del municipio durante la celebración de Miss Brasil Gay.

miss brasil gay

Esto evidencia que el evento es tan importante para la cultura y la inclusión social de la comunidad gay, como para la economía local y se convierte en un modelo a seguir en muchos lugares del mundo que no solo se niegan al respeto a los derechos de las comunidades sino que ignoran otras maneras de dinamizar las economías locales y generar espacios culturales.

Mi análisis sobre las ventajas de estar en un lugar que respeta abiertamente las orientaciones sexuales de sus habitantes fue interesante, pero tengo que reconocer que duró hasta cuando percibí realmente reducidas las posibilidades de las mujeres heterosexuales de conseguir una pareja en este lugar.

Me parecía patético pensar en el tema, pero con los días comprendí la inquietud de muchas juiz foranas solteras por conocer hombres, hay mucha demanda y muy poca oferta. Sé que es horrible poner las relaciones humanas en términos materialistas pero no encuentro mejor manera de explicar esta situación.

Para el año 2010, según el censo realizado en Juiz de Fora por el Instituto Brasilero de Geografía y Estadística, la ciudad tenía 516.247 habitantes, de los cuales el 52,7% eran mujeres y el 47,3% hombres, 28 mil mujeres más que hombres, una diferencia que según los especialistas está dentro de la media.

Sin embargo, al porcentaje diferenciador habría que sumar la población homosexual masculina que va en aumento gracias a la hospitalidad de Juiz de Fora con la comunidad LGBT, lo que sin duda aumenta la presencia de gays en el municipio, reduciendo la cantidad de hombres potencialmente “conquistables” para las juiz foranas.

También hay que tener en cuenta que según los estudios demográficos sobre Juiz de Fora, la mayoría de mujeres con respecto a los hombres aumenta a partir de los 20 años de edad, debido a razones como el porcentaje de muertes violentas de hombres en edades jóvenes y otras causas como la migración masculina a los grandes centros urbanos.  Si bien las mujeres también migran en busca de oportunidades laborales y educativas, el porcentaje de hombres es mayor.

Según el mismo estudio, en el estado de Río de Janeiro existe una tendencia similar a la de Juiz de Fora en cuanto a la relación cuantitativa de hombres y mujeres. El estado de Río tienen la mayor porción de mujeres del Brasil, a razón de 90 hombres por cada 100 mujeres, la misma relación que existe en Juiz de Fora.

Los juiz foranos suman a esta relación los hombres gay y bromean con que en Juiz de Fora corresponden a cada hombre 5 mujeres y 4 gays. Al principio me reía del comentario, ahora me parece preocupante.

A pesar de este escenario, contrario a la población gay masculina, la población gay femenina de Juiz de Fora no es muy visible, de los casi dos meses que he estado en esta ciudad puedo decir que solo he visto una pareja de lesbianas expresar su afecto en publico, en contraste con la cantidad de parejas de hombres homosexuales.

Eso me hace pensar que tristemente el machismo invade hasta la comunidad LGBT, de hecho el concurso Miss Brasil Gay es solo para hombres gay. Es una inclusión de la comunidad gay y transexual con la exclusión de la población lesbiana.

miss brasil

En conclusión, no hay duda que Juiz de Fora es una ciudad amable con los hombres en general. Cordial con los hombres gay en cuanto ofrece respeto e integración social y cultural sin discriminación, y llena de oportunidades para los hombres heterosexuales que tienen una gran oferta femenina sin demasiadas exigencias debido a la escasez.

La situación es diferente para las mujeres, en especial para las heterosexuales, en este caso no hay mucho que Juiz de Fora pueda ofrecer para ellas más que un banquete de comida deliciosamente calórica y unas ganas inmensas de huir reconociendo con resignación cuánto se extraña a los hombres.

Juana Mar

Sexual Tourism, A difference between North and South

This is an afternoon in Cartagena – Colombia, one of the most touristic cities in that country. The streets are burning, heat is in environment and this is not for less, Cartagena looks like a paradise not just for his history and beautiful beaches, it is also a perfect place for parties, drugs and sex lovers.

The apparent tranquillity of the one of more abandoned neighbourhoods from Cartagena is interrupted to inform to Lourdes Tovar about her son death. The news about Yesid are spilt in few minutes in Olaya Herrera, a poor neighbourhood of Cartagena.

Yesid was just 15 years old and used to work as companion of Paolo Pravisani an Italian man of 72 years old. He was found in Pravisani’s apartment naked and convulsing to cause of an overdose of cocaine. He has a violent death, had been hurt in his arms and legs and the authorities found that he had been injected with a substance called Ketoprofen which is mortal with cocaine.

Paolo Pravisani used to pay to Yesid and others children younger than Yesid for sex, also to adults women to whom paid to have sex with the children in front from Him. In the Pravisani’s apartment the police found a camera with pornographic material, whisky and drugs. He was investigated and condemned to 15 years of prison for had had sex with a child of 14 years old but no for Yesid’s death.

Despite, this is considered as symbolic and historical condemn in Colombia as Pravisani is the first one foreign tourist decried to sexual crimes. Yesid’s case put in evidence to local authorities a big issue that has increased in last years in this country.

Is sufficient to visit one of the most popular sectors in Cartagena to confirm that sexual tourism is not an isolated issue. Every day more amounts of people linking to this business. Sellers, masseurs, taxi drivers and a lot of people offers tourist services have inside of their propositions sex and drugs.

Tourism sex has increased in the last decade, especially in Central and South America in countries as Dominican Republic, Costa Rica, Brazil, Colombia and Mexico and its causes are complex to hold responsible just to tourist or local people. However, the majority of these societies have similar problems related with poor conditions, social exclusion, migration from countryside and corruption, between others. For example, in Cartagena’s case, according to Colombian government, more than 500.000 people lives in extreme poor conditions, many of them has been out of rural areas as result of arm conflict between guerrilla’s Farc and paramilitary groups.

In spite of Brazil does not have an armed conflict, this is the country that most tourist    receives in South America, particularly from Unites States and western Europe (same than Colombia), favouring the sexual tourism. However, to difference of others countries, Brazilian authorities has recognised this issue and have designed strategies to prevent it and to motivate responsible and sustainable tourism.

 cartagena

In contrast, Cuba one of the first places of Latin America in to be to invaded for sexual tourism, has ignored this topic that for long time has affected to Cubans. Two months ago the Canadian newspaper thestart.com published an article called “Paradise for sex tourists: Cuba land of sun, sand and cheap child prostitutes” supported in a confidential report on child sex tourism, obtained by a Star investigative team, identifies Cuba as one of the most popular destinations in the Americas for child sex tourism. Ironically, who reported this situation were not Cubans, was a Canadian media, where are from mains sexual customer in Cuba, this represents the interest by Cuban government in to hide that problem.

In Mexico thanks to its proximity with the North of America, their main customers are from Unites States and sex tourism has found a big niche to cause of poverty and social inequalities, which the mains victims are children who finally do not have access to opportunities to leave of poverty spiral and to survival the only option is the prostitution.

Nonetheless, to other side of the world, Asia has the same problem but probably with an aggravating factor, the time. Countries as Thailand and  Philippines has been recognised as sexual destination, specially in 60’s and 70’s decades during Vietnam’s war, when these countries were famous to offer amusement for men.

Many analysts claim sexual tourism can be result of touristic develop process without planning and to exemplify this with Thailandia, Camboya, Zambia, Cuba, Indonesia and Brazil cases. However, although the planning is an important factor to foresee the consecuences of a process, to believe that it is the only cause of sex turism issue is to reduce too much  a problem that is directly related with social structural issues of which impacts can be reduced with public politics.

Evidently, the tourism in third world countries is cheaper and easier for the majority of people from United States or Europe, because of development countries are promoting foreing investment and tourism. Then while people from middle class of United States or Europe would not access to luxurious hotels in those places, can travel to other destination as Thailand, Indonesia, South America or The Caribe to enjoy of beautiful places.

However, these touristic plans that are cheaper for foreing people are not affordable to local people and this contributes to reinforce the differences and inequalities between visitors and locals. When the locals do not have other alternative as livelihood way that  satisface to the visitor. Maybe this is one of the most sad faces of big difference between rich and poor countries, between north and south and Latin America and Europa.

Juana Mar

Bitter Coffee for Colombian Peasants

“En la mesa diaria se coloca al frente de cada persona de este

 país la historia de dinámicas sociales y productivas de gente

 con capacidades enormes y dramas terribles”

(Carlos Salgado, Colombian Economist).

Colombian coffee has become, as many things about Colombia, a cliché. It is recognized for its quality, aroma and taste. For this reason and for its significant contribution in world trade, Colombia has been called the coffee nation, a name that refers to the golden era in the middle of XIX century when Colombian coffee reached the top of the international market.

Coffee was introduced to Colombia by Jesuit priests whom imposed their parishioners to sow coffee trees as penitence. Because of this Colombia experienced a great increase of coffee plantations. This aided Colombia into achieving the position as one of the main coffee producers in the world. This was reflected in the Colombian economy and the empowering of coffee sector.

Towards the end of 60’s the participation of coffee in the Colombian Gross Domestic Product (GDP) was 25.0%. However, this situation changed about 20 years ago. For 2011 the impact of the coffee production in GDP sharply dropped to 6.0%. This percentage indicated that the times were changing for coffee growers. In the last decade the crisis started to show its most worrying side and managed to expose to Colombians eyes an issue that had been ignored.

The most recent expression of the Colombian coffee crisis is this year national  growers. From the 25th of February during 11 days more than 70.000 coffee growers stopped theirs activities. They left their farms and marched throughout the main highways of Colombia, demanding attention from the government to their issues. Especially to the low national and international prices of their coffee.

café

How did such a viable sector manage to get in trouble? What happened to the golden times of one of the main economical forces in Colombia. To answer these questions one requires careful attention and analysis. Many people think that the coffee crisis is the result of a weak instance in the national and international economy, but this explanation is as superficial as it is simplistic.

The loss of economic importance of coffee in Colombia and internationally is due to the fall of productivity of coffee. This has structural reasons, such as the impoverishment of Colombian peasants, age of coffee trees, slowness in adapting to new technologies, resistant varieties and reduction in fertilization.

The crisis began towards the end of 1980’s with the breaking off of international agreements that used to benefit the Colombian coffee exportation. Unfortunately, Colombia was not ready for a free market. The country could not take advantage nor neutralize the disadvantages of this circumstance. As a result, Colombia lost 7.0% of worldwide participation in coffee production between 1989 and 2011, while Brazil increased it to 13.0%.

During this time, others countries such as Vietnam and Indonesia took up an important place in the production coffee worldwide, ousting Colombia from its second place as a producer of coffee. A title that Colombia had for a long time.

This is just another historical example of the politic, economic and institutional neglect that Colombian peasants have suffered and the evidence of an absence of agrarian politics which take care of the needs and issues of rurally located populations. Paradoxically, this happens in a country where 25.64% of its population live in rural areas.

This indifference to the rural sector goes beyond the production of goods. The root of this situation is the poverty and lack of education of the peasants, whom do not have the resources to maintain production registers and have old and inappropriate practices of planting coffee.

Authors such as Perdomo and Mendieta (2007) have found a positive relationship between education, productivity and age in relation to coffee production. New generations have more capacity to incorporate technological innovations in their production process. Duque (2005), another Colombian author argues that the probability to incorporate new coffee varieties into production is greater with peasants that have enjoyed more years of formal education.

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Nonetheless, these ideals conditions which to mentioning by the Colombians academics, look like utopia for Colombians peasants. The reality is that the producers of coffee are aging and poor, their farms are small and they have had little education. This closes many of their opportunities to improve, especially their chances to get financing. Situations that clearly would improve their productivity, keeping in mind that a big percentage of the Colombian coffee comes from small producers who use manual techniques of production.  In these conditions and when the peasants are outside of a financial system because of their poverty, they do not have the possibility to be efficient and thus are very vulnerable to the changing of prices.

According to coffee growers that participated in the last strike, the production costs for one arroba of coffee are between 60.000 and 70.000 Colombian pesos (around 27 Euros), however they are not able sell it in the market for more than 50.000 Colombian pesos (21 Euros). Abstrusely, thanks to the fall in the national production of coffee, Colombia has started to become a coffee importing country. In the last year Colombia imported 900.000 coffee bags for internal consumption.

Knowing the issues of growers coffee and valuing the wealth of the Colombian rural sector are factors indispensable to reactive the insertion of this social group in the Colombian economy. This would generate more than 631.000 jobs in the year, which would contribute to a very important increase in the GDP. The kind of farming that makes the biggest impact on the nations GDP is coffee production by means of manpower. This means that the activities of peasants are essential to reduce poverty and to distribute the national income to the rural population.

Despite these serious issues, Colombia has some advantages in the international coffee market. A good example of this is that although Brazil is the main coffee producer in the world in absolutes terms and that Vietnam and Indonesia lead Colombians exports, Colombia is the first producer of mild coffee[1], considered as the best of the world.  This says that although Colombia has an inferior production system, Colombian coffee has a superior and excellent quality. One that is not easy to replace with others kinds of coffee. In addition, thanks to its climate Colombia is able to produce coffee during the entire year and is therefore able to fresh coffee all the time.

In conclusion, agrarian politics are a big challenge for the Colombian government. Workers in this sector have been ignored for many years, but they refuse to go away and shout one more time to be heard, despite the overwhelming noise of the industry and the international market that threatens to extinguish them.

Juana Mar


[1] Mild Coffee must have specific qualities and characteristics. This kind of coffee is produced from mountainous lands, 100% selectively planting, is washed in farm using handmade process. Taste from a cup of mild coffee is fragrant, aromatic and sweet. Besides this, depending of place from production the coffee has a particular acidity.

Entre La Censura y el Derecho

A través de su página de Facebook, sus trinos, las fotos que publica en Flickr y los videos que ve en YouTube, saben qué causas apoya, la música que le gusta, sus tendencias políticas y pueden reconstruir un perfil  sorprendentemente cercano a la realidad.

Comunicación libre y sin límites, ha sido el objetivo de internet desde sus inicios y esto se ha cumplido gracias a la creación de nuevas comunidades que reunen en el mundo virtual a diferentes personas con intereses compartidos. Esta nueva forma de sociabilidad, la cual puede superar los límites de la distancia y nos permite interactuar con miles de personas en cualquier lugar del mundo, sin duda ha sido revolucionaria pero idealizada en cuanto no se previeron sus efectos en la seguridad.

Si bien internet ha superado las expectativas de sus usuarios en cobertura y conectividad, la información disponible en esa gran selva cibernética nos hace susceptibles de espionajes a todos los usuarios, incluso a los gobiernos y grandes compañías. En otras palabras, internet pasó de ser el niño brillante de la clase a un adolescente desbordado y sin límites.

Esto ha generado una ruptura de esa imagen idealista del internet como aliado social que contrasta con la representación de un enemigo en potencia que se debe mantener bajo supervisión constante. La evidencia explícita de esta idea se encuentra en  las palabras pronunciadas en 1998 por, el en esa entonces presidente de los Estados Unidos Bill Clinton, afirmando: “nuestros enemigos han ampliado los campos de batalla del espacio físico al cibernético. Si nuestros hijos han de crecer libres, han de afrontar esas nuevas amenazas con el mismo rigor y determinación que empleamos contra las amenazas a nuestra seguridad más severas de este siglo”.

Las palabras de Clinton expresan el fin del idilio con el internet y el inicio de una cruzada para garantizar la seguridad y estabilidad, especialmente de los gobiernos y grandes empresas.  Batalla que después de una década y media continúa más vigente que nunca gracias a que internet logró, por medio de las redes sociales, crear lazos interpersonales que facilitan la sociabilidad, apoyo mutuo, información, sentimientos de pertenencia y una identidad social.

En conclusión, internet logró a nivel mundial todo lo que un gobierno desea hacer en su sociedad. Virtualmente la gente se organiza y solidariza cada vez más, generando un pensamiento en donde las problemáticas tienen un impacto mutuo y traspasan las fronteras locales y nacionales.

Como mencioné antes, las redes sociales han sido claves en esta revolución social – virtual, los blogs y twitter, han desempeñado un papel vital en la creación de una agenda informativa pero con matices más atractivas que las propuestas por los medios de comunicación tradicionales; tratando temas coyunturales recurrentemente invisibilizados, omitiendo en muchos casos la jerarquización de las información, permitiendo una interactividad con sus lectores, entre otras propuestas.

Cabe aclarar que el éxito de estas nuevas formas de información, además de la inmediatez y su relativo fácil acceso, se debe a la posibilidad de visibilizar diferentes sectores sociales y permitir que sean escuchados. En pocas palabras es la visibilización de los invisibilizados históricamente por los medios tradicionales.

Sin embargo, toda esa información disponible en la red de quienes abanderan distintas luchas y los que los apoyan, son un tema de gran debate entre los defensores de la libertad de expresión e información y los que defienden la seguridad a toda costa. Un dilema que no resulta fácil de resolver si se tiene en cuenta que todos queremos ejercer nuestro derecho a la libre expresión pero sintiéndonos seguros.

censura online

Existen muchos ejemplos para mostrar las dos caras de esta discusión, entre los más recientes cabe citar el atentado terrorista en la maratón de Boston, donde las investigaciones adelantadas en contra de sus autores muestran que buena parte de la información utilizada para la planeación del atentado fue encontrada en la red.

Casualmente, después de este ataque la Cámara Baja de los Estados Unidos aprobó la ley CISPA (Cyber Intelligence Sharing and Protection Act) y aunque ésta fue rechazada en el 2012 por el senado, sus defensores esperan que este año sea probada y así evitar que los terroristas puedan acceder a información en la red que facilite sus objetivos criminales. De ser aprobada CISPA, el gobierno de los Estados Unidos, tendrá vía libre para acceder a las cuentas de correo personales, chats e intercambiar datos personales con empresas privadas como Facebook, Google, Twitter, Microsoft, IBM, etc.

Esta medida de protección al gobierno y a las compañías privadas bajo el argumento de priorizar la seguridad online parece tan temible como los mismos ataques terroristas, pues fácilmente se puede caer en extremos y abusos por parte de gobiernos, donde cualquier opinión crítica contra el sistema podría ser etiquetada de terrorista.

Los blogueros y activistas Yoani Sánchez de Cuba, Maikel Nabil Sanad de Egipto y Murong Xuecun de China; son solo algunos casos que ejemplifican los excesos en los que han caído gobiernos de diferentes partes de mundo por silenciar denuncias y polarizar el apoyo a distintas causas sociales y políticas. Las cuentas twitter de estos activistas de la libertad de expresión muchas veces han sido bloqueadas o eliminadas, ejerciendo una censura virtual e incluso física en algunos casos.

Si bien los gobiernos de los países de estos blogueros son conocidos por sus posiciones políticas e ideologías radicales, no tienen aún las facultades que se propone tener Estados Unidos con CISPA, lo que representa un panorama preocupante para la libertad de expresión si esta ley es aprobada.

Indiscutiblemente los usuarios de internet no nos enfrentamos a una lucha fácil, hoy en día, sin necesidad de que se aprueben legislaciones excepcionales, nuestra información privada circula disponible en la red y es utilizada por empresas privadas y en algunos casos por gobiernos. En conclusión, es la lucha constante entre los usuarios y el poder político en unión con el económico con el fin de controlar nuestra información para su beneficio.

Por lo anterior, si bien internet ha representado un aumento de riesgos en la seguridad de los usuarios, los gobiernos y las grandes empresas, se deben buscar soluciones alternas al problema que vayan en consecuencia con los derechos fundamentales de expresión y privacidad. En ningún caso se debe caer en el error que justifica el abuso, exceso de autoridad y la censura por la defensa de cualquier objetivo.

Juana Mar

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